Libros de amor, JRJ

No es el amor de una mujer, en tres tiempos distintos; son tres tiempos del amor, a través de varias mujeres. Por eso hay ojos azules, ojos negros, ojos de oro… Porque los ojos del amor no son de un color preciso y, además, ¿cuántas veces no hemos fundido en el momento del amor el ensueño con la realidad y luego el recuerdo ha tenido el color del ensueño? Tampoco tiene el amor una edad fija; es adolescente y maduro y otoñal… Ha ido teniendo los años de mi corazón.  Y la memoria del corazón no envejece, es siempre actual, engaña a los sentidos y vive por su cuenta. Amor ¿Cuándo es temprano, cuándo es tarde para ti? Nunca, nunca.

Juan Ramón Jiménez, Libros de amor

El tiempo que nos une, Alejandro Palomas

Es un vacío, un tropezón de aire que se te atraganta en los pulmones cada vez que respiras. Como un pellizco, a veces suave, a veces agudo y a traición. No es ni un antes ni un después. Es lo que no habrá de llegar. Sueños no articulados por falta de tiempo, no de imaginación. Es ser testigo de cargo. Es un crujido en el alma, eso es exactamente: el momento en que sabemos que tenemos alma porque la hemos oído crujir.

Alejandro Palomas, El tiempo que nos une

Aqueología espiritual, Emilio Gavilanes

Solo se conserva de él un fragmento de un poema. Se sabe que vivió en China hace poco más de dos mil años. Nada más. Ni siquiera el nombre. Su único texto conservado habla de un pájaro que atraviesa el cielo una tarde lluviosa. Su paso deja en el aire el molde de su vuelo. Y ese molde cae también, oculto por las gotas de la lluvia.

Emilio Gavilanes, Historia secreta del mundo

Orgullo y prejuicio, Jane Austen

– Y así terminó su amor – dijo Elizabeth con impaciencia -. Creo que ha habido muchos que lo vencieron de la misma forma. Me pregunto quién sería el primero en descubrir la eficacia de la poesía para acabar con el amor.

– Yo siempre he considerado que la poesía es el alimento del amor – dijo Darcy.

– De un gran amor, sólido y fuerte, puede. Todo nutre a lo que ya es fuerte de por sí. Pero si es solo una inclinación ligera, sin ninguna base, un buen soneto la acabaría matando de hambre.

Jane Austen, Orgullo y prejuicio

Las olas

Hay un obstáculo en el fluir de mi vida. Una profunda corriente tropieza con algo. Y este algo se estremece. Tira. Un nudo en el centro opone resistencia. Es dolor, es angustia. Me debilito, cedo. Mi cuerpo se reblandece. Quedo abierta, quedo incandescente. Ahora la corriente se desborda en una profunda marea fertilizante que abre lo antes cerrado, forzando lo antes prietamente plegado, y fluye sin limitación. ¿A quién daré cuanto ahora me recorre, cuanto nace y fluye de mi cuerpo cálido y poroso? Recogeré las flores y las ofreceré… ¡Oh! ¿A quién?

Virginia Woolf, Las olas

Deseo y posesión

Y pese a todo, poeta, persigue, persigue tu desenfrenado deseo de ideal; procura alcanzar, atravesando infinitos dolores, ese fantasma de mil colores que huye incesantemente delante de ti, aunque se te rompa el corazón, aunque se te apague la vida, aunque exhales el último suspiro en el momento en que lo roces con la mano.

Alejandro Dumas, Deseo y posesión